Musica \ CRITICAS


NUEVA CAMADA DE CANTAUTORES: LISANDRO ARISTIMUÑO


El caso de Lisandro Aristimuño y su música es un fenómeno particular. Una sumatoria de cosas: con buena calidad en la composición y en la producción, buen sonido en vivo, y un manejo coherente a la hora de la difusión, Aristimuño ha logrado una subrepticia masividad de un modo extraño, no se lo ve nunca en los medios pero muchísimos saben de él y su música ya anda por ahí.
 
Es como el sol. Aunque no lo veamos siempre está y se lo necesita. La irrupción de este hombre del sur fue clara. Si bien no es un huérfano ya que su música linkea con cantautores argentinos o rioplatenses contemporáneos como lo son Juana Molina, Kevin Johansen, Jorge Drexler, Martín Buscaglia o Ezequiel Borra, ha ofrecido algo que no siempre se da: una gran cantidad de buenas canciones que gustan con sólo escucharlas la primera vez. Empresa difícil, si las hay; logro de pocos. Aristimuño ha sacado a la venta ya tres discos “Azules turquesas” (2004), “Ese asunto de la ventana” (2005) y “39 grados” (2007). Su discográfica es Los años luz. Empresa joven pero ya mítica porque en sus catálogos mayormente hay productos de alta calidad.
 
De luchadores del arte. Esos románticos que esquivan el rock chabón, el reggaeton o la balada trillada porque saben que siendo genuinos van a tener aceptación igual: el público puede estar presionado por consumir productos impuestos, pero cuando el alma está famélico… solamente lo puede saciar un buen artista. Aristimuño lo es, a todas claras.
 
Más hermético el primer disco, más experimental el tercero, es el segundo el que más sabor a clásico ya tiene, a pesar de lo incipiente. “Ese asunto de la ventana” está integrado por quince canciones disímiles, maravillosas, sensibles, con coloraturas y géneros distantes, aunque hablar de géneros en Aristmuño es caprichoso. Los aborda desde él, pero se sospecha que pudo haber querido hacer y no pudo, gracias a Dios. Al menos en sus discos (en vivo sí, es un poco más snob y tecnológico), tiene una virtud: a excepción de alguna canción, sólo utiliza la electrónica de forma climática, nunca como fundamento principal. Proviene esto, quizá, de sus primeras escuchas, de la músca que su padre, director teatral, utilizaba en sus obras. Es ecléctico. En su música hay folclore latinoaericano, Radiohead, recursos de rock, del reggae, de la balada, en suma: toda la música popular. De ahí quizá, a pesar de ser un gran productor y no descuidar nunca cómo vestir sus temas, prima la belleza en la melodía y la expresividad. Aristimuño va a dar que hablar, es buen compositor, de esos que parecen inagotables, sabe transitar el mundo, ha tocado en muchas partes de Europa y de América latina y genera misterio. Su nombre crece desde su arte y necesidad, esa es su estrategia. Por el momento, en vez de respladores, elige ser genuino, es que tiene una estrella que lo guía, y no un estrellato.

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