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CRITICA: TODA LA GENTE SOLA


 

“Toda la gente sola”, dirigido por Santiago Giralt es un filme sensible con un reparto interesante: Alejandro Urdapilleta, Érika Rivas, Luciano Castro, Mónica Villa y muchos otros.
Es un nuevo filme coral que ocupa tres tópicos usuales de esta clase de filmes que predominan bastante últimamente: gente sola y sufrida, un fenómenos meteorológico que envuelve y acota lo que ocurre y cierres abruptos en las líneas argumentales sobre el final.
Un pastor con su ayudante adolescente, quien enemorará al hijo de la dueña del hotel, madre a su vez de la chica del lavadero fiel enamorada del chico deportista que lleva allí su ropa, lugar donde conoce a la mujer de un concejal, el que le es infiel ya cude con su amante al hotel… y así. Ah, lo olvidaba: otro tópico: las tramas obligatoriamente se entrelazan. Y ahí radica el desafío mayor, en eso se ve el ingenio: los hilos dramáticos, el encordado está dispuesto, el acorde que suene es lo que le da sentido.
Un filme pensado para gustar, hacer reír y en su momento lagrimear. Un filme para el público, sin más pretenciones. Hasta en el final el director se atreve a citar una frase que bien podría venir de un libro de autoayuda “No estás solo. Hay mucha gente sola a tu alrededor”.
 
REYNALDO VIEYTES

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